Revoluciones de 1989

¿Qué fueron las Revoluciones de 1989?

Conocidas también como El otoño de las Naciones, las revoluciones de 1989 fueron una serie de olas revolucionarias que inundó toda Europa central y oriental. Durante el otoño de 1989, tuvo como producto el derrocamiento de los estados socialistas soviéticos en unos pocos meses.

Estas revoluciones generaron un cambio significativo en el equilibrio del poder en todo el mundo e influyeron en el final de la Guerra Fría y los inicios de la Post-Guerra Fría. Las revoluciones de 1989 se conformaron del alzamiento de múltiples multitudes en contra de los partidos comunistas.

Podríamos indicar que los primeros indicios de esta revolución fueron naciendo gracias a Mijaíl Gorbachov, por medio de la política “perestroika”. Dicho modelo económico tenía como objetivo una rehabilitación política económica para la Unión Soviética.

Esto debido a que desde hacía décadas la Unión Soviética arrastraba un fuerte estancamiento económico. Además requirió de tecnologías occidentales y créditos por parte de países capitalistas para equilibrar su creciente retraso. 

La reforma de Gorbachov

Esta reforma vio sus primeros signos en 1986 cuando el mismo Mijaíl lanzó una política de apertura en la Unión Soviética. Haciendo así más creciente la necesidad de una reforma económica, conocida más tarde como perestroika o reestructuración económica.

Gorbachov insistiría a los líderes de los demás países del Pacto de Varsovia a copiar las nuevas políticas soviéticas. Señaló que la URSS no se metería con presiones militares o políticas para defender otros países extranjeros que se oponían a aceptar la perestroika. 

En Europa del Este las reformas de Gorbachov surgieron efecto sobre los países dominados por la unión Soviética. Al no contar con el apoyo soviético, estos países generaron sus propias revoluciones pese a que la idea original de Mijaíl era hacer cambios dentro del Pacto de Varsovia.

La URSS brindaba apoyo económico a sus países satélites, lo cual era insostenible para la ya golpeada economía soviética que sufría de una crisis cancerígena. Esto hizo que el gobierno ruso comunicara que las relaciones económicas estarían dictadas por las condiciones del mercado mundial. Esto tuvo como repercusión que Polonia, La República Democrática de Alemania, Hungría, Checoslovaquia y Rumania empezaran sus luchas en contra del comunismo.

Revoluciones de Europa

Polonia

Polonia se considera el país que dio inicio todo el proceso revolucionario. Posterior a una serie de huelgas en verano del año 1988, el gobierno comunista todavía era liderado por el general Jaruselzski. Este gobierno se vio en la situación de negociar con el sindicato Solidaridad.

Los acuerdos generados en abril de 1989 eran el reconocimiento legal por parte del sindicato y la apertura de un proceso de transición democrática. Por medio de las elecciones el partido comunista fue derrotado en junio. Por esto no tuvo otra opción que dar luz verde a la formación de un gobierno liderado por un Mazowiecki, dirigente de la Solidaridad.

El 30 de diciembre de 1989 el Parlamento decidió eliminar la palabra popular del nombre oficial del país (República Popular de Polonia). Así restablecieron su actual nombre, República de Polonia. 

Hungría

Desde 1960 Hungría era regida por el líder comunista János Kádár. Éste había tratado de preservar el sistema marxismo-leninismo por medio de algo que él mismo designó como “comunismo goulash”. Este consistía en concesiones a la mejora del nivel de vida de la población húngara. 

El líder comunista había ganado también respaldo por parte de las masas gracias al otorgamiento de comodidades materiales mayores. Las mismas que podían gozar el resto de los habitantes del Pacto de Varsovia, por lo que el descontento se mantuvo bajo control por décadas.

Esto dio paso a una serie de leyes que permitían el multipartidismo y daba grandes reformas al Estado. En mayo de 1990 se celebraron elecciones, siendo ganadoras en ellas las fuerzas anticomunistas.  Así consiguió ser primer ministro József Antall, quien fue el primer gobernante no comunista de Hungría desde 1948.

República Democrática de Alemania

El reciente cambio de Hungría tuvo fuertes repercusiones en el exterior. Las autoridades de Budapest decidieron abrir una brecha en el Telón de Acero, por el cual decenas de habitantes pertenecientes a la República Democrática de Alemania huyeron a la República Federal de Alemania. Esto lo hicieron atravesando Checoslovaquia, Hungría y Austria. Todo esto dio paso a que la población se uniera en manifestaciones en forma de oleadas por toda Alemania Oriental.

El líder de la RDA (República Democrática de Alemania), Eric Honnecker, planteó una solución represiva. Fue en ese momento que Gorbachov disipó dudas cuando a finales de 1989 hubo una serie de declaraciones que hicieron grandes cambios políticos.

El 23 de octubre Eduard Shevarnadze declaró que la URSS no debía interferir en los asuntos de Europa Oriental. Con esto Kremlin ratifica los cambios en Hungría y Polonia, animando a los demás países a seguir adelante.

A partir de este momento ocurrieron una serie de cosas muy rápido, como la sustitución de Honnecker por el comunista reformista Egon Krenz El mismo que fue el responsable de tomar la decisión de abrir el muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.

Debido al derrumbamiento súbito de la RDA creó un proceso de negociaciones entre las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial y la República Federal de Alemania. Todo terminó en la Reunificación de Alemania en octubre de 1990.

Consecuencias de las revoluciones de 1989

Entre las consecuencia que generaron estas revoluciones, está la libre emigración de judíos soviéticos a Israel, y por esto los judíos que abandonaban la URSS fueron perseguidos, y aquellos que lograron su objetivo fueron acogidos como refugiados.

Esta masiva ola de migración por parte de judíos, personas no judías y judíos soviéticos educados fue cambiando paulatinamente la naturaleza demográfica de Israel.

También trajeron consigo la declaración del fin de la Guerra Fría por parte de Bush y Gorbachov, en Malta, el 3 de diciembre de 1989. Luego se disolvió el Trato de Varsovia el 1 de julio de 1991, para que las repúblicas bálticas se separaran de la Unión Soviética en agosto de ese mismo año, teniendo como resultado final la disolución de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991.

Y a partir de 1992 se prohibieron la hoz y el martillo, junto a otros símbolos comunistas, en algunos países de Europa Oriental, por ser considerados como un símbolo de la ocupación y totalitarismo de la Unión Soviética. 

 

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