Maese Pérez, el organista – Resumen

Hace poco hablamos sobre las Leyendas de Bécquer, un reconocido conjunto de relatos escritos por el poeta y narrador español Gustavo Adolfo Bécquer, en el cual nos presenta muchos personajes más que entrañables, y que han cautivado al mundo de la literatura. 

Es por ello que deseamos centrarnos en una de sus leyendas en específico, titulada Maese Pérez, el organista. Te hablaremos un poco del autor, del argumento, su historia y lo que tiene para ofrecer esta historia.

Gustavo Adolfo Bécquer, resucitado por el tiempo

Bécquer fue un autor literario nacido en Sevilla, durante febrero del año 1836, y actualmente se le conoce gracias a sus narraciones y poemas, tomado también como un representante muy importante de la literatura del romanticismo. 

Decimos “resucitado por el tiempo” debido a que pese a ser conocido durante su vida, no fue sino hasta tiempo después de su muerte que obtuvo fama y prestigio. Concretamente, fue gracias a un grupo de amigos que encontraron rimas que había escrito toda su vida pero que nunca publicó, y decidieron publicarlas, y ahora se conocen gracias a la obra Rimas y Leyendas

No obstante, contamos con otras de sus obras tales como Cartas literarias a una mujer, Cartas desde mi celda, Libro de los gorriones e Historias de los templos de España. Además, también era muy aficionado al teatro musical, participando en varias zarzuelas colaborando con su amigo Luis García de Luna durante el siglo XIX.

Maese Pérez, el organista – Argumento

Si leemos la obra, podemos encontrar que entre su argumento principal tenemos a Maese, un anciano de 70 años que contaba con el talento de saber tocar el órgano, y este lo hacía en la iglesia y dejaba impactado a quién quiera que lo escuchaba debido a su indudable talento. Era conocido por su habilidad con los instrumentos, así como también lo era por su bondad hacia el prójimo.

A pesar de ser ciego, el señor Pérez siempre tuvo la convicción de algún día poder ver a Dios frente a él, y era ello lo que le impulsaba a vivir cada día con optimismo, sentimiento que plasmaba en su música.

La nochebuena de ese año por fin llegó (época favorita de nuestro protagonista), y cada persona de la iglesia estaba esperando que apareciera Mease a tocar tan fervientemente como acostumbraba hacer en esas fechas. Luego de una prolongada e inusual demora, el señor Pérez apareció al fin, pero su aspecto no era el mejor y señalaba que algo estaba mal con su salud. Se notaba enfermo y pálido, pero la misa empezó como siempre.

El llanto entre las ovaciones

Durante la celebración de la misa tradicional de Nochebuena no hubo más contratiempos, y el anciano Maese tocó como era de costumbre su instrumento. Es decir, sin dejar nada que desear hasta llegar el esperado momento de la eucaristía. Mientras el arzobispo toma la hostia un grito invade toda la iglesia e interrumpe la ceremonia. Era la hija del señor Pérez, la cual decía que su padre estaba muerto, lo cual conmocionó a todos los presentes.

Al siguiente año, todos los que conocieron al anciano creían que nadie debía de usar el órgano de Maese por respeto a su memoria. No obstante, las autoridades pensaban que el pianista que quería sustituirlo anteriormente podría ocupar su lugar en la celebración de Nochebuena. Esto no le sentó nada bien a la gente, y debido a su enorme disgusto, y se dedicaron a boicotear su actuación con ruido para que no pudiera escucharse el espectáculo que intentaba brindar.

Sin embargo y para sorpresa de muchos, tras pasar los minutos la gente empezó a notar que el pianista tocaba realmente bien el instrumento, y que era bueno en ello. Esto era muy notable aunque muchos no quedaron convencidos con la actuación del compositor, y esto desanimó al pianista. Poco después a este músico se le ofrece tocar en la Catedral y este acepta sin pensarlo mucho por el trato que recibió en este sitio.

El órgano de Maese

En el final de la historia tenemos un escenario en que casi todos estaban en la Catedral para poder presenciar el espectáculo que allí se presentaría, y en la iglesia donde Maese solía tocar no había mucha gente. Entre los presentes se encontraba la hija del señor Pérez en compañía de una abadesa, y tenían planeado realizar un homenaje a su padre.

La abadesa pasó un rato tratando de animar a la hija de Maese para que tocara el órgano con lo que sabía al respecto, pero esta se encontraba llena de dudas ya que tenía miedo de no hacerlo igual con el mismo talento y habilidad que su difunto padre. No obstante, accedió a hacerlo al rato.

Sin embargo, al subir y sentarse a tocar el instrumento, el órgano que antes tocaba su padre empezó a sonar solo sin que nadie le tocara. Esto dejó expectante a muchos de los presentes. La joven hija del difunto estaba emocionada y llena de alegría gritaba que esto no podría haber sido obra más que de su padre. Ella decía que era él quien lo hacía a pesar de no haber nadie tocando el órgano.

Posteriormente, el obispo de logró enterarse de lo ocurrido en la iglesia con el instrumento de Mease. Este se sintió profundamente arrepentido de haber faltado a esa celebración, ya que el espectáculo dado por el pianista en el Catedral fue realmente espantoso en todo sentido.

 

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